Malinformación. Un estudio sobre el uso periodístico de la información como propaganda y bien de consumo.

Malinformation. A study on the journalistic use of information as propaganda and a consumer good.

https://doi.org/10.56418/txt.16.2022.004

María de los Ángeles Alonso González
https://orcid.org/0000-0003-2676-0449
[malonsog@us.es]
ENTIDAD (PAÍS)

Recibido: 08-09-2022
Aceptado: 05-12-2022

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Resumen

El papel del periodista como garante de la verdad queda en entredicho cuando la malinformación entra en escena. Recientes casos de manipulación informativa, como el denominado ‘Ferrerasgate’, ponen sobre la mesa un problema que comienza a afectar al periodismo español: convertir la información en propaganda y en un bien de consumo mediante la monetización de sus audiencias. El presente artículo tiene por objeto poner el foco de atención en casos recientes en los que periodistas y medios de comunicación atentan, por acción u omisión, contra su papel de garante de la democracia, llegando a la conclusión de que en la era de la posverdad el periodista tiene el deber inexcusable de contar la verdad, sin tapujos, ni mentiras, así como la obligación de denunciar y condenar a aquellos que atentan contra el libre ejercicio de la profesión.

Palabras clave: malinformación, desinformación, periodismo, clickbait, ‘Ferrerasgate’

Abstract

The role of the journalist as a guarantor of truth is called into question when misinformation enters the scene. Recent cases of information manipulation, such as the so-called ‘Ferrerasgate’, bring to the table a problem that is beginning to affect Spanish journalism: turning information into propaganda and a consumer good through the monetization of its audiences. The purpose of this article is to focus on recent cases in which journalists and the media attempt, by action or omission, against their role as guarantors of Democracy, reaching the conclusion that in the post-truth era, journalist have the inexcusable duty to tell the truth, without concealment or lies, as well as the obligation to denounce and condemn those who attempt against the free exercise of the profession.

Keywords: malinformation, disinformation, journalism, clickbait, ‘Ferrerasgate’

Sumario: 1. Introducción. 1.1. Desinformación. 1.2. Noticias falsas en el periodismo. 2. Objetivos y Metodología. 3. Resultados y discusión. 3.1. La información al servicio de la política. 3.1.1. ‘Ferrerasgate’. 3.1.2. Informe PISA. 3.1.3. El falso posado del presidente Sánchez. 3.2. Periodismo viral y rentabilidad económica. 4. Conclusiones. 5. Referencias.

1. Introducción

El derecho a comunicar y recibir información veraz por cualquier medio de difusión está recogido en artículo 20.1.d de la Constitución Española, la cual garantiza el derecho fundamental de informarse para poder construir una sociedad libre, plural y democrática. En la consecución de este objetivo el periodista juega un papel fundamental, ya que se erige en mediador entre lo que sucede y lo que se transmite, de manera que su papel como observador objetivo no sólo se presupone, sino que deber ser exigible. Lo mismo ocurre con la veracidad, un término objeto de controversia, cuya naturaleza jurídica, indica López de Lerma (2018), hay que definir “puesto que lo que realmente se defiende es propiamente una información verídica, comprobada y contrastada según los cánones de la profesión informativa”.

Para cumplir con lo expuesto, el periodista tiene la obligación de contrastar la información y así lo recoge la Carta Ética Mundial para Periodistas (FIP, 2019) y el Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE, 2017). El primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad y para ello sólo informará sobre hechos de los cuales conozca su origen, no suprimirá informaciones esenciales y no falsificará documentos. Pero ¿qué ocurre cuando es el propio profesional quien, de manera deliberada, transmite información falsa, cuando renuncia a su compromiso firme con los derechos y libertades que cimientan nuestra democracia? ¿Quién se erige entonces en cuarto poder?

En los últimos meses hemos asistido a un fenómeno que pone en riesgo el respeto a la verdad que todo periodista admite e interioriza cuando empieza a formarse y a ejercer este oficio. La verdad, como pilar fundamental en la que se asienta la información, es la primera enseñanza que se ofrece los estudiantes de Comunicación y sobre ella se insiste y enfatiza en las distintas asignaturas que conforman el plan de estudio. Sin embargo, la verdad es alterada en forma de titulares atrayentes que buscan el rendimiento económico del clickbait y de exclusivas que disparan los índices de audiencia y popularidad y que hacen tambalear nuestro sistema democrático. El caso más reciente es el denominado ‘Ferrerasgate’, en clara alusión a la manipulación informativa llevada a cabo por el periodista Antonio García Ferreras al acusar al líder de Podemos de haber recibido dinero del gobierno venezolano.

Unos audios dados a conocer en julio de 2022 demuestran cómo el periodista de La Sexta, a sabiendas de la falsedad de dicha noticia, denunciaba en su programa ‘Al Rojo Vivo’ que Pablo Iglesias tenía una cuenta en las Granadinas en la que habría recibido 272.000 dólares de Nicolás Maduro. La noticia había sido publicada por OKDiario y desmentida por El Diario, que investigó el documento aportado como prueba de los pagos y verificó con Euro Pacific Bank que Iglesias nunca había tenido cuenta en la entidad, ni había recibido pago alguno del gobierno venezolano (El Diario, 2016).

Los audios sacan a la luz unas conversaciones en las que el propio Ferreras reconoce que la información “no era buena y estaba contaminada” y pone el acento sobre un problema bastante preocupante y de gran calado en nuestra sociedad: la desinformación y las Fake News, una amenaza real que daña al periodismo, especialmente cuando el ‘faker inicial’ es un periodista. En este caso concreto, nos encontramos frente a una evidente manipulación informativa, es por ello por lo que proponemos una investigación en torno a las noticias producidas por periodistas profesionales con una clara intención ‘malinformar’ y convertir la información en propaganda y en un bien de consumo.

1.1. Malinformación

En un contexto marcado por la crisis económica y publicitaria que aboca a muchos medios a sobrevivir, “los principios deontológicos pasan a un segundo plano” (Mayoral, Parratt y Morata, 2019:403) dando lugar a “soluciones no muy ortodoxas” pero efectivas en la consecución de audiencias. Dentro de esos subterfugios se enmarca el fenómeno de la desinformación que, para Bennett y Livingston (2018), se trataría de la “creación, emisión, difusión y recepción de mensajes, a través de diversos medios, intencionadamente falsos o engañosos, con objetivos políticos y económicos que pretenden generar un efecto en audiencias concretas”.

El término desinformación es muy amplio ya que de forma genérica hace alusión a la información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines, es por ello que Wardle y Derankhshan (2020) apuntan a la necesidad de reflexionar sobre el lenguaje utilizado para captar la complejidad del fenómeno y, en este sentido, categorizan en tres los desórdenes informativos: misinformation, disinformation y malinformation, en alusión a si la información falsa, errónea o engañosa no tiene intención de perjudicar a terceros, si los contenidos refieren esta información de forma deliberada y si el mensaje posee una clara intención de perjudicar, respectivamente.

Si bien todas ellas atentan contra la protección constitucional menospreciando la verdad, son las denominadas malinformation las que en mayor medida socavan la confianza pública en las instituciones, llegando a suponer una amenaza para la democracia misma, ya que este tipo de informaciones se crean con objeto de provocar una respuesta emocional y buscan un claro rédito económico o político.

En esta línea, Nielsen y Graves (2017:3) establecen las perspectivas de la audiencia sobre las noticias falsas en 5 tipos (Ver Imagen 1) que irían desde las de tipo satírico o divertidas que se parecen a las veraces hasta los hoax maliciosos. En el centro quedarían tres categorías asociadas a la mala praxis profesional de los periodistas y que entronca con el tema que nos ocupa. Por una parte, el ‘periodismo pobre’, aquel superficial y sensacionalista que busca aumentar los índices de audiencia con noticias y titulares gancho; la propaganda, que ofrece un contenido hiperpartidista y, por último, las noticias publicitarias y que contienen pop-ups y links a contenidos esponsorizado.

Estas tres categorías centrales son las que se encuadran dentro de la malinformación apuntada por Wardle y Derankhshan (2020), un fenómeno que se remonta a la Guerra de Cuba (Gallego, 2018) pero al que acontecimientos recientes, como el Brexit y la campaña electoral de 2016 en Estados Unidos, han puesto en el punto de mira por su capacidad para intervenir en el establecimiento de un nuevo orden político.

Imagen 1. Perspectivas de la audiencia sobre las noticias falsas.

Imagen 1. Perspectivas de la audiencia sobre las noticias falsas.

Fuente: Nielsen & Graves (2017).

La politización del periodismo no es solo un fenómeno anglosajón, de hecho, en España está avalada por Humanes (2014) y Sampedro y Seoane (2008) quienes plantean una “bipolarización antagónica” de los medios vinculados a la transmisión de una ideología, de forma que estaríamos ante un uso de los formatos periodísticos con fines no informativos, ante una nueva forma de propaganda basada en la saturación informativa. Esto es posible debido a que un pequeño número de grandes empresas moldean cada vez más los medios de consumo (Bell et al., 2017), creando un entorno en el que resulta mucho más fácil publicar cualquier tipo de información, incluida la falsa y fabricada. Ante este panorama, el periodismo, en vez de perfilarse como una fuente de autoridad que canaliza una información de calidad (Valera-Ordaz et al., 2020:30), es un actor implicado en la generación de noticias falsas, convirtiéndose en origen y fin de la propia crisis de confianza que viven los medios y los periodistas.

1.2. Noticias falsas en el periodismo

Para los juristas el término veracidad es muy claro e implica “un comportamiento adecuado del profesional de la información”, lo que conlleva “un deber de diligencia del informador” (López de Lerma, 2018) basado en contrastar las informaciones, pues el derecho a la información exige probar que el periodista y el medio de comunicación actúan de forma responsable. Sin embargo, el registro de historias falsas publicadas es tan largo y antiguo como el propio periodismo, sobre todo, si tenemos en cuenta que ya en las gacetas del siglo XVIII “los bulos y libelos eran una herramienta de poder bien conocida por reyes y validos” (Fernández, 2014:20), una práctica que se acentuó durante los totalitarismos del siglo XX haciendo valer el dicho de que “la primera víctima de la guerra es la verdad”.

El relato periodístico debe cumplir siempre con un rol informativo, “siendo el factor inmediatez un aliado importante para mantener actualizados a los lectores”. Sin embargo, cuando el público pasa a convertirse en audiencia, las noticias se convierten en “meras mercancías sin apenas valor cívico o social” (Mayoral, Parratt y Morata, 2019:402). Esta idea viene a reforzar lo ya postulado por Kapuściński (2003:109) para quien al valor de la información, en relación a la búsqueda y al transmisión de la verdad, se le suma su aportación como instrumento importante en la lucha por la influencia y el poder, así como un valor económico basado en “suculentos beneficios”, que han provocado que dicha información deje de “estar sujeta a los criterios tradicionales de la verdad y la mentira, para empezar a someterse a otras leyes, del todo distintas, a saber: las del mercado, con su aspiración al monopolio y a unas ganancias cada vez mayores”.

Si atendemos al arco central de la malinformación de Nielsen y Graves (2017:3) encontramos que esta atiende a tres motivos: interés económico, político y de reconocimiento, mezclándose varios de ellos la mayoría de las veces, lo que provocaría que la información se convirtiera en una forma de propaganda y en un bien de consumo.

Al convertir una noticia en viral se aumentan las visitas y, por ende, los seguidores, esta es la técnica del clickbait que utilizan numerosos medios digitales para atraer tráfico a sus webs. Íntimamente ligado al motivo económico estaría el del reconocimiento. Para Rodríguez-Hidalgo, Coronel-Salas y Mier-San Martí (2022), ser el primero en publicar una noticia y gozar del privilegio de lograr algo inalcanzable para los demás, es el motivo oculto tras las principales noticias inventadas. Por último, encontraríamos el interés político, presente en la construcción de otras realidades y que es una constante en nuestra sociedad desde los tiempos del Imperio Romano. Según Marqués (2018), una de las primeras noticias falsas se produce cuando el emperador Septimio Severo divulga la información de ser hijo ilegítimo de Marco Aurelio para ocupar su cargo. Severo hizo acuñar monedas en las que se le retrataba con rasgos parecidos a Marco Aurelio cuando, en realidad, no tenía nada que ver con él.

Sin tener que remontarnos tanto, en pleno siglo XXI encontramos notables casos de periodistas que faltando al código deontológico de la profesión han dado por ciertas informaciones falsas e, incluso, han inventado otras. En 2015, el presentador y editor de la cadena televisiva NBC, Brian Williams, fue suspendido de su empleo por seis meses tras lo que resultó una noticia falsa sobre un helicóptero que había sido atacado durante la invasión en Irak. Williams mantuvo su mentira durante 12 años, incluso después que un superviviente de dicha ofensiva lo desmintiera.

Tres años después, en 2018, tuvo que dimitir el periodista alemán Claas Relotius. Ganador de 4 premios alemanes de periodismo y uno de la prensa europea, el reportero estrella del diario Der Spiegel inventó historias y personajes en al menos 14 de los 69 reportajes publicados desde 2011. Relotius justificó sus falsedades alegando que “lo hacía por miedo al fracaso y que la presión aumentaba con el éxito que tenían sus escritos” (BBC, 2018).

En España, los flujos más intensos de desinformación se produjeron durante el referéndum catalán de independencia del 1 de octubre de 2017 (Stella, Ferrara & De Dominico, 2018). Para Aparici, Rincón-Manzano y García-Marín (2019: 9), en el contexto del 1-O, “el uso de títulos atractivos, escandalosos o frases de opinión e interpretación de los hechos (que atraen enormemente al lector) fueron elementos comunes en las noticias falsas más propagadas en las redes”. OKDiario, Esdiario, Gaceta y Caso aislado fueron los medios que obtuvieron mayor rentabilidad económica a partir del tráfico generado por “la distribución de información polémica, sensacionalista, espectacular y/o falsa”, según los citados autores, para los cuales la posverdad en la crisis catalana “en forma de noticias falsas y bulos basados en una constante apelación a las emociones, creencias o prejuicios de las audiencias como eje transversal, ha sido permanente durante todo el conflicto” (2019: 12).

2. Objetivos y Metodología

La presente investigación pretende ahondar en un fenómeno nuevo, la malinformación o el uso periodístico de la información como propaganda y bien de consumo a fin de intentar dar respuesta a qué ocurre si el periodista es plenamente consciente de que la información publicada no es exacta, si se intenta llamar la atención con titulares que no se ajustan a la realidad o si se manipula a la opinión pública en uno u otro sentido mediante informaciones falsas.

Para dar respuesta a estas preguntas hemos optado por una investigación de tipo exploratorio y explicativo sobre tres casos: el ‘Ferrerasgate’, el PISA y el falso posado del presidente Sánchez. Exploratorio porque se trata de un fenómeno nuevo y escasamente estudiado, sobre todo en España donde sólo tenemos un precedente similar, el ocurrido el 1-O en Cataluña (Dankhe, 1989); y explicativo porque se trata de intentar explicar qué origina estas informaciones (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 1997). En la investigación, desarrollada entre los días 9 y 31 de julio de 2022, se realiza la consulta de 419 piezas informativas (incluyendo artículos y columnas de opinión) publicadas en 13 periódicos digitales y nativos digitales. Concretamente, se han consultados los siguientes diarios digitales: 20 Minutos, El País, El Mundo, ABC y La Vanguardia, así como en los nativos digitales: OKDiario, Crónica Libre, El Diario, El Confidencial, El Plural y Público, por ser los que más tráfico han registrado en el primer semestre de 2022 (Kaufmann-Argueta, 2022). A ellos hemos sumado El Salto y LUH Noticias por la trascendencia adquirida dentro del denominado caso ‘‘Ferrerasgate’.

Con posterioridad, hemos procedido al análisis de los titulares de la muestra, así como el cuerpo de las unidades informativas, combinando una parte analítica centrada en la malinformación y otra explicativa sobre las posibles causas que originan ciertos hechos, así como las consecuencias que han tenido.

De forma complementaria, y con objeto de explorar la vertiente económica presente tras la malinformación, hemos estudiado el fenómeno del clickbait dentro de las noticias seleccionadas a fin de estipular en qué medida la información política se convierte en un bien de consumo sujeto al interés de la oferta y la demanda según la tesis expuesta por Nielsen y Graves (2017). Para ello, hemos procedido a la medición de la presencia y frecuencia de dicho fenómeno en la muestra seleccionada siguiendo la metodología de Palau-Sampio (2016) y Palau-Sampio y Carratalá (2022) que optan por una recodificación de las identificaciones en torno a las variables de sección, tema, mecanismos de polarización y elementos sensacionalistas en titular, quedándonos una ficha de análisis circunscrita a los siguientes aspectos:

Tabla 1. Ficha de análisis de los titulares.

Tabla 1. Ficha de análisis de los titulares.

Fuente: Elaboración propia.

3. Resultados y discusión

3.1. La información al servicio de la política

3.1.1. ‘Ferrerasgate’

El que se conoce como ‘Ferrerasgate’, en clara alusión al caso Watergate que acabó con la presidencia de Nixon en Estados Unidos, es un claro ejemplo de cómo un periodista deja de ser informador para convertirse en agitador de ideas ajenas y para ello “inventa, tergiversa o falsea los acontecimientos, mezcla descaradamente opinión con información, abusa de las fuentes anónimas, trastoca imágenes, no rectifica, doblega todo al fin buscado sin reparar en la corrección de los medios” (Real, Audiez y Príncipe, 2007:200)

El 9 de julio de 2022 Crónica Libre hacía públicos unos audios en los que el director de La Sexta, Antonio García Ferreras reconocía, frente al comisario Villarejo, el consejero de Atresmedia y el presidente de La Razón, Mauricio Casals, haber difundido noticias falsas sobre Podemos a sabiendas de que lo eran. La noticia en cuestión, publicada el 6 de mayo de 2016 por OKDiario, afirmaba que Pablo Iglesias habría cobrado de Venezuela 272.325 dólares a través de una cuenta en un paraíso fiscal dos meses después de la fundación de Podemos, en marzo de 2014 (Mercado, 2016). Varios medios de grupo Atresmedia continuaron difundiendo esta información a pesar de que fue desmentida al día siguiente por El Diario (Ver Imagen 2).

Imagen 2. Trascripción de la conversación entre Ferreras y Villarejo.

Imagen 2. Trascripción de la conversación entre Ferreras y Villarejo.

Fuente: Crónica Libre (2022).

En dicha conversación están también presentes el excomisario jefe de la UDEF y el director del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, José Luis Olivera Serrano, quien “vacila con la posibilidad de crear una cuenta bancaria falsa y atribuírsela a Pablo Iglesias” (Juste, 2022). La grabación también desvela la conspiración contra Juan Carlos Monedero, acusándole de “utilizar una estructura empresarial para facturar un informe y trabajos de asesoría sobre la moneda única latinoamericana, que financió al Banco del Alba, y ‘disciplina’ al entonces candidato a la presidencia de España Pedro Sánchez” (Serrano, 2022).

El caso ha copado la actualidad informativa por la evidente manipulación de la información con fines políticos, al tiempo que revela la existencia de un periodismo capaz de “fabricar narrativas paralelas con fines espurios” (La Vanguardia, 2022) y, lo más grave, que en la mayoría de los casos “los periodistas y medios implicados sabían que se trataban de informaciones falsas y hacían difusión de ello” (Consell de la Informació de Catalunya, 2022).

Los audios dados a conocer ponen sobre la mesa una realidad: en un estado democrático de derecho, los poderes económicos y mediáticos son capaces de “corromper la cultura democrática y la información limpia (…) deshojan la tela democrática y moral que cubre la información veraz al servicio de la ciudadanía (Gil, 2022).

La construcción de esta noticia supuso un duro golpe para una de las formaciones políticas que concurrían con mayor proyección a las elecciones generales de 2016, ya que según el sondeo de Metroscopia para El País, Unidas Podemos podría haber arrebatado al PSOE el liderazgo de la izquierda, logrando entre 92 y 95 escaños (De Miguel, 2016). Dos semanas después de dicha publicación, los resultados electorales dejaban a la formación morada con 20 escaños menos de los previstos. Unidas Podemos obtuvo el 21 por ciento de los sufragios y logró 71 diputados, quedando en tercera posición tras el PSOE y poniendo de manifiesto que el cuarto poder es capaz de manipular la legitimidad democrática de nuestro país.

El seísmo mediático ha sido tratado de forma desigual en los distintos medios, y así lo constata Levín (2022), quien señala que El País, La Vanguardia, El Punt Avui, ARA y Més son los diarios en papel que han publicado el contenido de los audios, mientras que ABC, El Mundo y La Razón han silenciado lo ocurrido, al igual que El Confidencial, Vozpopuli, El Español, El Periódico y El Periódico de España, quien solo reproduce una nota de EFE. Tampoco la empresa de verificación de noticias Newtral, propiedad de Ana Pastor, esposa de García Ferreras, ha ahondado al respecto, limitándose a dar “varios enlaces relacionados con el tema, pero sin responder a la pregunta clara que habían recibido” (Cabrera, 2022).

Pese a lo grave de haber difundido una información a sabiendas que es falsa, ni la FAPE, ni la Asociación de la Prensa de Madrid, censuran al periodista y centran sus críticas en quienes lo denuncian:

"La FAPE lamenta que detrás de toda esa polémica se puedan encontrar intereses espurios contra la libertad de prensa y del derecho a la información, desprestigiando por ello a todo el colectivo de periodistas españoles que demuestran a diario un auténtico compromiso social, imprescindible para la democracia, no sin dificultades, tanto de índole laboral como personal, junto a presiones, incluso amenazas y agresiones o comentarios insultantes en redes sociales" (APM, 2022).

Tampoco la audiencia del programa se ha resentido. Si bien es cierto que experimentó una caída puntual de 1,6 puntos, el share ha vuelto en el mes de septiembre a sus porcentajes habituales, en torno al 10,6%. Por su parte, los contertulios habituales guardan silencio, tan sólo Yago Álvarez ha abandonado su puesto porque:

Nos indigna la posibilidad de que se publiquen fake news con conciencia de que lo son, que no se rectifique, que no se pida perdón y que se mantenga como colaborador al emisor de esos bulos, Eduardo Inda. No queremos ser partícipes de eso" (El Salto, 2022).

Más críticos han resultado otros profesionales entre los que destacan Pilar Rahola que pide su expulsión del Colegio de Periodistas y Àngels Barceló, que asume el papel determinante que tenemos los periodistas en el relato de la historia. También contundente ha sido la postura adoptada el Sindicato Nacional de Escritores de Estados Unidos que ha calificado el hecho de “corrupción mediática” y no ha dudado en denunciar “la falta de principios periodísticos impropia del líder de una cadena con el aparato financiero y el alcance de La Sexta” (LUH Noticias, 2022). El sindicato considera que se viola el derecho a la ciudadanía a la información, máxime cuando el contenido mediático ha sido capaz “de acabar con nuevas formaciones políticas que desafían el statu quo”.

3.1.2. Informe PISA

El ‘Ferrerasgate’ no es el único caso de escándalo periodístico en relación a la política y viene a corroborar la tesis de Sánchez Cedillo (2022), para quien la ausencia del pueblo en las democracias parlamentarias se suple con la “presencia mediática, mediada, controlada, desfigurada, manipulada…”. Este hecho se pone de manifiesto en nuestro país a partir del fenómeno 15-M o movimiento de los indignados. Este movimiento se caracterizó por una serie de protestas pacíficas, con la intención de promover una democracia más participativa y alejada del bipartidismo entre PP y PSOE, que logró una autonomía de la comunicación gracias a la viralización de las redes sociales y que obligó al sistema de medios “a cambiar de táctica: hacer dinero publicitario politizando las parrillas y empezar el proceso de selección de personajes y élites controlables” (Sánchez Cedillo, 2022).

Entre esos nuevos medios hay uno que sobresale en el ámbito de las denuncias por la mala praxis profesional y que le ha valido ser el medio de comunicación peor valorado de España, según una encuesta llevada a cabo por la Universitat de Valencia en 2017 (Digital Sevilla, 2018): OKDiario. El nombre de Inda resuena con fuerza estos días con relación al ‘Ferrerasgate’, por ser un tertuliano habitual de ‘Al Rojo Vivo’ y por estar detrás de otros escándalos relacionados con el grupo político Podemos y que en su día puso en entredicho al grupo PRISA.

También en 2016, en pleno auge electoral, OKDiario publicaba un supuesto documento policial que afirmaba que el Gobierno de Irán había financiado a Pablo Iglesias y su entorno. El escrito, conocido como Informe PISA (por el acrónimo de Pablo Iglesias Sociedad Anónima), “no llevaba sello de ninguna unidad de las Fuerzas de Seguridad” (Galvez, 2018), pero dio lugar a numerosos titulares y sirvió de base para que la UDEF llevase el caso al Tribunal de Cuentas y que se presentasen dos denuncias contra Podemos en la Audiencia Nacional y en el Tribunal Supremo.

Entre los medios que dieron en exclusiva el falso informe de PISA estuvo la cadena SER. El 14 de marzo de 2016, Pepa Bueno y Àngels Barceló dieron “un completo recorrido a esa información con documentos en la web con marca de agua y alertas en redes con el epígrafe ‘exclusiva’” (El Plural, 2022). Según el citado diario digital:

“Antonio Hernández Rodicio y Jose Manuel Romero autorizaron publicarlo con máxima cobertura en la SER, cuando tanto la Fiscalía de la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo lo habían descartado por ser un ‘conjunto desordenado’ de supuestos indicios y un ‘mero’ cortapega de informaciones de otros medios de comunicación” (El Plural, 2022).

Pese a demostrarse la falsedad del informe, OKDiario insistió “en la teoría bolivariana con un documento presuntamente facilitado por la Asamblea de Venezuela a fuentes de la inteligencia policial españolas” (Público, 2022). Un año después, el periodista tuvo que “responder desde el banquillo ante pruebas materiales irrefutables de que había violado todos los principios y códigos deontológicos periodísticos para calumniar a Pablo Iglesias” (Público, 2022).

Lo más destacable es que Inda ya había sido demandado por esta y otras informaciones. El periodista Francisco Mercado denunció al director de OKDiario y a la empresa editora del mismo (Dos Mil Palabras S.L.), el 4 de febrero de 2017, a causa de las “manipulaciones y falsificación de su trabajo en contra de su voluntad y sin su consentimiento”. En su denuncia, Mercado expone cómo Inda le ordenaba cambiar titulares y textos con los que no estaba de acuerdo y que se había visto obligado a dimitir para “evitar seguir dañando su nombre y prestigio periodístico al publicarse artículos que faltan a la verdad con la vinculación del nombre y firma sin haberlo consentido ni autorizado” (Bayo y López, 2017).

Otras denuncias relativas a manipulaciones y noticias falsas publicadas por OKDiario son del año 2021. Así, el 5 de febrero publicaba: “Condenado a 7 meses de prisión el hombre detenido cuando comía roscón frente al casoplón de Iglesias”. Al más puro estilo clickbait, el titular no especificaba que el detenido había insultado y golpeado a un guardia civil y que fue esto lo que provocó su detención.

También el 4 de agosto de 2021, OKDiario publicaba una noticia que calificaba de “fake” y “autoataque” el atentado con cóctel molotov contra la sede de Podemos en Cartagena, en Murcia (Ver Imagen 3). Tres días después era detenido un joven de ideología neonazi como autor material del ataque y cuatro meses después otro militante de ultraderecha era llamado a declarar como cómplice. Ambos fueron imputados por un delito de incendio y de odio por tales hechos.

Imagen 3. Titular de OKDiario sobre el ataque a la sede de Podemos en Cartagena.

Imagen 3. Titular de OKDiario sobre el ataque a la sede de Podemos en Cartagena.

Fuente: Barro (2021).

3.1.3. El falso posado del presidente Sánchez

También durante julio de 2022 hemos asistido a un fenómeno de reencuadre y manipulación de la información con un claro interés político detrás y que ha causado gran revuelo mediático. Se trata de la fotografía del presidente del Gobierno en su visita al paraje siniestrado por el fuego en la localidad cacereña de Casas de Miravete, en la que se muestra a Sánchez posando ante la tierra calcinada, cuando, en realidad estaba escuchando al presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara (Ver Imagen 4).

Imagen 4. Tweet de EFE en el que se muestran varias imágenes de la visita del presidente Sánchez.